Las
bases del trabajo grupal no suelen estar bien asentadas.
Y lo que muchas veces se considera una iniciativa de equipo
no lo es. Para lograr una auténtica sinergia hay
metodologías a medida, que no olvidan trabajar sobre
las diferencias de los integrantes del team.
Se habla mucho del trabajo en equipo. Desde la escuela primaria
se indica a los niños que realicen trabajos en equipo
con la idea de que los alumnos, por el sólo hecho
de agruparse, ya trabajan en equipo. La metodología
implementada casi sin variantes suele ser la siguiente:
se distribuyen entre los compañeros las páginas
del libro que cada uno va a exponer y el día de la
presentación ruegan que no falte el de la página
18, porque ninguno sabe de qué trata. Este modo de
trabajar continúa en todos los niveles de estudio
y es el que luego se traslada a las empresas. Pero, ¿es
verdaderamente trabajo en equipo lo que se hace en las empresas?
Cuestión
de nombre
Entendemos por trabajo en equipo al encuentro estable de
un grupo de personas que se reúnen y desde una posición
activa piensan, crean y trabajan a partir de conocer y compartir
un proyecto. Es imprescindible que todas las cabezas se
unan y se apropien del sentido de la tarea, para que la
responsabilidad sea compartida. Este compromiso de todos
es eje para la consecución efectiva y eficaz de la
producción.
Conocer el sentido permite, en la distribución de
tareas, precisar y economizar tiempo, energías, evitar
confusiones, malos entendidos. El sentido compartido es
la brújula que organiza la participación de
cada uno en la tarea a realizar. Los resultados obtenidos
dan cuenta de un plus que va más allá de la
suma de las partes que lo integran. Plus producto de la
potencia creativa que genera el trabajo en equipo.
Las múltiples y diferentes experiencias de cada uno
de los integrantes permiten construir algo nuevo, nuevos
saberes fruto del intercambio y la producción de
todos, condición necesaria para el trabajo en equipo.
Pero para ello hacen falta ciertos requisitos. Esta manera
de entender el trabajo en equipo requiere aprender nuevas
formas de liderazgo que faciliten crear un clima de intercambio
en el que prime la confianza, el respeto y aceptación
del otro.
Sin un tiempo establecido ni un espacio destinado para tal
fin, la tarea en equipo es casi una utopía. Ahora
bien, ese tiempo debe ser muy bien organizado, con objetivos
claros. Definir para qué nos vamos a reunir y durante
cuánto tiempo. Evaluar a qué conclusiones
llegamos en cada encuentro y qué acciones vamos a
realizar. Y luego chequear los resultados para producir
correcciones tanto en las decisiones como en la dinámica.
Nuestros pensamientos nos sostienen muchas veces en la ilusión
de que “yo tengo razón”. Cuando cada
uno cree lo mismo de sí, esto es fuente de conflicto.
Si explico por qué “yo pienso” que las
cosas se pueden hacer así y además escucho,
pregunto, trato de entender cómo y por qué
para otros integrantes del equipo las cosas pueden ser pensadas,
hechas de otras maneras, descubro que cada mirada es parcial
dada la complejidad de las situaciones; y que entre todas
esas miradas, podemos construir alguna respuesta más
ajustada.
El juego de la diferencia
En los equipos encontramos diversidad de formación,
edad, jerarquía, personalidad, pertenencia directa
o indirecta a la empresa... Si pensamos esas diferencias
como obstáculos, nos perdemos la posibilidad de transformar
lo no habitual, lo diverso, en oportunidad para un mayor
enriquecimiento individual, del equipo y la tarea.
Resolver situaciones en forma conjunta es una de las tareas
más arduas. Saber comunicar, escuchar, explicar,
aceptar la propuesta diferente del otro, distribuir el poder,
renunciar a la ilusión de poseer la única
verdad posible, poder consensuar, colaborar aunque la propia
no sea la propuesta aceptada, resulta difícil. Son
muchas las pasiones puestas en juego: celos, envidia, rivalidad...Todas
estas dificultades de las que no se habla ni se enseña
a resolverlas, porque se supone que deben ser habilidades
naturales, son algunos de los temas que abordamos en la
enseñanza del trabajo en equipo.
Aprender esta metodología de trabajo, que no figura
en ninguna currícula académica, requiere tiempo
para conocer y confiar en los demás integrantes del
equipo. Conocer sus intereses, capacidades y aprender a
aceptar las diferentes personalidades.
Para aprender y conocer las dificultades que surgen cuando
se decide trabajar en equipo, utilizamos la técnica
de los Grupos Balint Organizacionales. Durante una cantidad
determinada de encuentros y utilizando diferentes criterios
de agrupabilidad según los requerimientos de la situación,
ejercitamos de manera virtual la comunicación, la
distribución de funciones, el uso del poder. Cada
uno de los participantes va incorporando estas habilidades
en tiempo real. Porque la mejor manera de aprender a trabajar
en equipo es: trabajando, modificando y resolviendo los
obstáculos que se presentan.
El Balint Organizacional permite a la empresa generar una
metodología de trabajo acorde a sus necesidades obteniendo
mayor eficiencia y efectividad en las tareas, por los cambios
que experimentan los integrantes del grupo luego de cada
encuentro.
Al mismo tiempo, posibilita a las personas reconocer y revisar
sus actitudes - no siempre las más convenientes-,
con las que enfrentan la tarea, fortalecer el compromiso
con la misma y, lo más importante, instrumentar habilidades
hasta entonces desconocidas. Finalmente, se mejora el clima
emocional en la relación intra e interequipos y con
ello se logra prevenir tanto el stress como el desgaste
emocional y físico, el burnout del personal. La realidad
laboral actual requiere resolver situaciones de gran complejidad.
El trabajo en equipo constituye una modalidad de acción
altamente eficaz en el presente contexto. |